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Si hay algo difícil de evitar en Semana Santa, son las procesiones. Bien en la ciudad donde uno reside o en el pueblo más recóndito del país escogido para pasar las vacaciones, es fácil tropezarse con una procesión queramos participar en ella o no.
En la ciudad levantina de Benidorm, en la zona más poblada de discotecas, bares, pizzerías, etc, nos encontramos una procesión la noche del viernes 21 de marzo, una de las más largas y multitudinarias del lugar, en la que participan todas las cofradías. Nunca pueden faltar a este tipo de eventos las fieles jubiladas, que no llegando las primeras y con pasmosa discreción ya se van acoplando en las primeras filas.
Hay quienes traen sus propias banquetas para reservarse un sitio y ver la procesión en primera fila sin cansarse. Hay quienes prefieren disfrutar del desfile desde el balcón de sus casas, y hay quienes no tienen mas remedio que ver la procesión entre cabezas y para los que las imágenes avanzan por sí mismas, ya que no pueden ver a las personas que las llevan.
La policía local va abriendo paso a los dos dulzaineros vestidos con el traje folclórico del lugar que inician la procesión. Su música se mezcla con el patriótico himno de España proveniente de las cofradías que desfilan más atrás. El avance es lento y la espera entre paso y paso se hace, en ocasiones, excesiva. Ocho pasos componen la procesión ataviados con capirotes y mantillas.
Varios cofrades van descalzos y, en el último paso, llevan cadenas en los tobillos, mientras acarrean una ostentosa y pesada cruz, para rendir culto al sacrificio o en cumplimiento de una promesa por los favores concedidos. El público rompe en aplausos al paso de la Virgen transportada por un grupo de mujeres a ritmo de tambores. Los cofrades van seguidos por bandas musicales y devotos ciudadanos que portan velas y rosarios que cierran la comitiva.
Durante el recorrido, y como era de esperar, se tocan varias piezas musicales conocidas, pero se echan de menos las saetas, y de más algún instrumento desafinado. Cierran el desfile el alcalde y otros representantes municipales seguidos por la banda local y fieles alicantinos que con su presencia daban el toque final a la cita.
La implicación y entrega de los participantes, la música que acompaña, los disfraces, el realismo de las imágenes que se pasean, lo esperado y los confirmado, convierten estos actos religiosos en auténticos espectáculos, con sus actores protagonistas y secundarios, con su banda sonora, con su coreografía, y por supuesto, con su entregado público.
De igual manera que no hace falta ser cinéfilo para disfrutar de buena película, no es necesario ser religioso ni creyente para disfrutar de una emotiva procesión, se lo recomiendo.
Autor: Janire Muga Villardón
Tags: procesion semana santa benidorm
Lugar: Leioa
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