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27/05/2008
¿Saldrá la procesión? Como en el reality más popular, la expectación sobre si se podría disfrutar o no del Santo Entierro era máxima entre los presentes.
Afortunadamente, la nieve, aunque no la lluvia, dio tregua a los Villarcayenses, que se echaron a las calles a llorar al Cristo Muerto. A las ocho de la tarde la procesión salió desde el Ayuntamiento del pueblo, con la intención de recorrer todas las calles y estar de vuelta hora y media después. Pero la climatología no lo permitió y varios barrios tuvieron que contentarse con ver de lejos a su adorado Jesucristo.
En primer lugar, y en absoluto silencio, un primer grupo de costaleros portaban sobre sus brazos el cuerpo de Cristo, yaciente en una urna cristalina. Uno de ellos, Juan Torres de Valdivieso, dijo que su única medicina contra horas de sacrifico y dolor era pensar en el Cristo de los gitanos, representante de su etnia.
En un segundo grupo, las mujeres pertenecientes a la Asociación de Amas de casa, vestidas de riguroso luto, la reina y damas de honor de las pasadas fiestas patronales y las autoridades del pueblo paseaban acompañadas por la banda de música al ritmo de las saetas que los músicos y algunos cantaores dedicaban al Cristo muerto.
Entre el escaso público asistente, podían observarse desde dulces escenas de ancianos acompañando a sus jóvenes nietos para inculcarles viejas tradiciones cristianas hasta grupos de jóvenes representantes de la Asociación de Peñas.
Una de ellas, Claudia García, reina de fiestas de Villarcayo 2005, confesó entre lágrimas: “Antes de ser reina nunca había venido a una procesión porque mi familia no es creyente pero desde ese año y a partir de un accidente de coche que he tenido hace unos meses, me siento un poco más cerca y en deuda con Dios”.
Lo cierto es que quizás por fervor, o por simple curiosidad, la procesión despertó entre todos los presentes, creyentes o no, una palpable fascinación. El silencio tomó las calles y la pasión de un pueblo unido y con arraigadas tradiciones cristianas recordó la muerte y los últimos días de la vida de Jesucristo.
Sin la vistosidad de otras procesiones populares como la Sevillana o la Granadina pero con igual o mayor ilusión y esfuerzo, decenas de Villarcayenses organizaron una humilde pero sentida procesión que emocionó a todo aquel que recorrió con ella las calles de la capital de las Merindades de Castilla la Vieja.
Autor: Nerea Yaiza Zubiaur Rodriguez
Categorías: miscelanea Noticias de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación UPV-EHU
Tags: procesion santo entierro villarcayo
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