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Tomar la decisión correcta en cada momento es una de las mayores preocupaciones que vienen atormentando al ser humano desde tiempos inmemoriales. Con la Selectividad a la vuelta de la esquina, los estudiantes se preparan para afrontar una de las decisiones más importantes de sus vidas: qué estudiar después de ese idilio que es el instituto.
La vida escolar de un adolescente es relativamente tranquila en lo que a decisiones se refiere. La ESO es obligatoria, así que, ya sea por las buenas o por las malas, hay que pasarla. El Bachillerato es otro cantar. La pregunta “¿Y después qué?” empieza a martillar las cabezas de los alumnos. Y por si eso fuera poco, hay muchos más interrogantes que el estudiante, novato en esto de tomar decisiones, debe resolver: ¿qué estudiar?, ¿dónde estudiar, en mi ciudad o fuera?, ¿Grado Superior?, ¿Universidad?, ¿Pública o privada?, etc. Por supuesto, el estudiante no se encuentra solo ante esta difícil elección. Cuenta con el apoyo de sus padres, del orientador de su colegio, así como de las jornadas de puertas abiertas que los distintos centros formativos y universitarios organizan todos los años. Y por si el estudiante no está lo suficientemente confuso a estas alturas, a todo este bombardeo informativo hay que sumarle la desgarradora realidad que constituye el mercado de trabajo, que contribuye a convertir la cabeza del alumno en una verdadera bomba de relojería a punto de estallar.
En el estudio que la fundación BBVA publica anualmente, se afirma que las universidades cuentan en un 75% con estudiantes de sexo femenino, frente a un 25% que representa al sexo masculino. En lo que a titulaciones se refiere, mientras que las chicas se decantan en su mayoría por las Ciencias de la Salud, las Ciencias Sociales y las Humanidades; los chicos prefieren las ingenierías.
Por su parte, en el ámbito de los Ciclos Formativos, los chicos escogen profesiones relacionadas con el Bachillerato Tecnológico, cuando las chicas se inclinan más por la administración. “Lo fundamental es que al alumno le guste lo que vaya a estudiar –afirma Karlos Maleta, orientador escolar del Colegio Sagrado Corazón Corazonistas de Vitoria-Gasteiz–. Pero no hay que perder de vista las salidas laborales. El mercado de trabajo está muy mal, por eso hay que guardar un equilibrio entre lo que nos gusta y lo que más nos conviene”. Aunque todos estos datos sirven de gran ayuda, lo mejor es ver qué opinan otros estudiantes que tuvieron que pasar por lo mismo.
Así, para Jon Ander Ruiz, un estudiante vitoriano de 19 años, que optó por irse a Barcelona a cursar la licenciatura de Derecho, la decisión que tomó no pudo ser más acertada. “Estoy muy a gusto en Barcelona. Mi abuela y mi primo viven allí, así que el cambio de ciudad no se me hizo tan duro como pensaba”.
Sin embargo, Jorge Gómez, otro gasteiztarra que el pasado año decidió irse a la universidad de Bellaterra, en Barcelona, a estudiar Dirección Hotelera, no lo ve tan claro. “La carrera no me disgusta. Sin embargo, la veo muy orientada a las Empresariales, cuando lo que a mí me gusta verdaderamente es la hostelería. Sólo hacemos prácticas de cocina una vez cada dos semanas. Pero bueno, habrá que sacar la carrera”.
Un caso similar es el de Maider Perdiguero, bilbaína de nacimiento, aunque lleva toda la vida en Vitoria, que en Septiembre de este año comenzó a estudiar Ciencias Empresariales en el Campus de Vitoria de la UPV-EHU, pero se equivocó de carrera y lo dejó. “En realidad me metí a esta carrera sin pensarlo mucho, y me equivoqué. Me voy a ir una temporada a Londres, a trabajar y a aprender inglés, y el curso que viene me matricularé en Publicidad y Relaciones Públicas, que es lo que verdaderamente me gusta”, afirmó.
Pero no todos los casos son así de críticos. Oier Jauregi, un estudiante vitoriano, que está en segundo curso de Matemáticas en la UPV-EHU, en Leioa, es mucho más optimista: “No vivo en Bilbao, así que tengo que ir y venir a Leioa todos los días desde Vitoria. Pero me he acostumbrado a este ritmo y lo llevo bien. Tengo intención de sacar la licenciatura yendo y viniendo cada día”.
Y como no todos los estudios que se pueden realizar son universitarios, tenemos el caso de Mikel Saenz de Buruaga Díaz, gasteizatarra de 20 años, que decidió hacer un Grado Medio tras acabar la ESO, y ahora se prepara para acceder a un Grado Superior. “Estudié Mantenimiento y Limpieza de Conductos hace dos años –declaró–, pero eso no es lo mío. Me he dado cuenta de que quiero estudiar. Primero haré un Grado Medio relacionado con el deporte y después entraré en el IVEF”.
Autor: Aitor Niso Saez del Burgo
Categorías: miscelanea
Tags: selectividad bachillerato eso grado superior formacion profesional
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