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27/05/2008
Cuando telefoneé a mi amiga para pedirle el favor de que me concediese una entrevista como un claro ejemplo que es ella de víctima de malos tratosen el seno familiar, ella se negó rotundamente. Para mi sorpresa, dos días después me llamó: “¿Sigue en pie la oferta de la entrevista? Me lo he pensado mejor y creo que puedo ayudar a algunas personas contando lo que nos pasó a mi madre y a mi”, me dijo ella. El único requisito que me pidió fue que ni su nombre ni el de nadie de su familia apareciesen publicados, le di más sincera palabra, así que tan sólo daré sus iniciales.
J.C tiene 20 años y una vida como la de muchas otras jóvenes de su edad, va a la universidad, sale de fiesta con sus amigos… Pero esta relativa normalidad no ha sido tal hasta que su padre no se fue de casa hace ya tres años.
J.C y su madre sufrieron continuas palizas, insultos y agresiones por parte de su padre: “La primera vez que fui consciente de lo que pasaba realmente en mi casa fue a los once años, cuando vi a mi madre llorar sola desconsoladamente”, dice J.C mientras baja su mirada y da un sorbo al café que sostiene entre sus manos dentro de una apartada y cálida cafetería bilbaína donde me ha pedido que nos reunamos.
Dice que se siente más segura si no camina por ciertas zonas céntricas de la ciudad, donde las posibilidades de encontrarse con su padre son altas. “Me lo he encontrado alguna vez paseando y no es agradable mirar a la cara al hombre que ha intentado destrozar la vida de mi madre y la mía”, apunta J.C con un tono de voz que refleja toda la rabia contenida durante años de malos tratos.
Una relativa tranquilidad llegó a la vida de estas dos valientes mujeres cuando al fin él firmó los papeles del divorcio y se fue de la casa donde ellas aún siguen viviendo. Y aunque las condiciones del divorcio, como en muchos casos, no son económicamente favorables para esta madre, lo importante en esos momentos era “acabar con esa pesadilla, daba igual de qué manera”.
Con el apoyo de todos sus amigos e incomprensiblemente con el rechazo de la familia, que no comprendió la decisión de esta mujer de divorciarse del hombre, enfermo de alcoholismo, que durante años convirtió su vida y la de su hija en un auténtico infierno, poco a poco las dos salieron adelante.
Su madre ha podido –a regañadientes por el acoso al que se vio sometida por su ex marido- rehacer su vida con otro hombre y J.C ha recuperado la confianza que había perdido en el sexo opuesto. De lo único que dice arrepentirse J.C es de no ser un buen ejemplo para todas aquellas mujeres que desgraciadamente estén viviendo una situación pareja a la que ella sufrió: “No nos atrevimos a denunciar pero creo que con las ayudas a las mujeres maltratadas que hay hoy en día sería un error no hacerlo”. Un ejemplo a seguir de valentía, coraje y vigor para todas aquellas mujeres que sufren malos tratos a manos de unos cobardes machistas que acaban con la vida de muchas mujeres en la soledad de sus hogares.
¡Basta ya!
J.C, sufrió malos tratos por parte de su padre: “Ningún juez va a venir a tu casa para decirle a tu padre que deje de pegaros a tu madre y a ti”
N. ¿Cómo describirías los años que conviviste con tu padre?
J.C: “Como un auténtico infierno, no se lo desearía a nadie, era estar constantemente en tensión pensando en que momento llegaría y en que estado iba a estar, esa sensación de angustia constante era horrible…”
N. ¿En quién te apoyabas en esos momentos tan duros?
J.C: “Única y exclusivamente en mis amigos, en esa situación lo normal sería apoyarte en tu madre, pero no podía, no le veía capaz de asumir la situación en la que vivíamos. Bastante tenía ella con lo suyo como para que además yo le fuese llorando, no me parecía justo hacerla sentir culpable, por algo por otra parte no era su culpa. Y bueno que decir de mi familia… Por parte paterna su reacción no fue precisamente la que esperaba, se posicionaron de parte de mi padre y olvidaron que yo era una niña de trece años y que mi madre estaba completamente sola…”
N. ¿Cuál era tu mayor arma de defensa ante todo lo que estabas viviendo?
J.C: “Supongo que mi caso no es como los demás, yo sacaba todo mi carácter, quizás pensando que así le intimidaría… También cambie mi forma de vestir, me ponía collares de pinchos, candados, cadenas, vestía de negro… No se, supongo que inconscientemente pensaba que si daba imagen de chica dura no se atrevería conmigo, pero desgraciadamente no fue así...”
N. ¿Cómo era la relación entre tu madre y tú cuando ocurría algún episodio violento?
J.C: Nos uníamos más que nunca, pasamos mucho miedo pero bueno, siempre teníamos la esperanza de que de un momento a otro acabaría esa pesadilla y hasta entonces, aguantamos como unas campeonas.
N. ¿Qué opinas de la ley actual que protege a las mujeres maltratadas?
J.C: “La verdad es que hablo un poco sin saber, porque nosotras nunca nos atrevimos a denunciar nada, pero sinceramente creo que no sirve de nada, la ley está ahí y punto pero no creo que ningún juez vaya a venir a tu casa a las 5 de la mañana para decirle a tu padre que deje de gritar o pegaros a tu madre y a ti. ¿Qué más da que haya una ley de alejamiento si luego no se cumple ni se hace un mínimo esfuerzo en controlar si se cumple o no?”
N. ¿Cómo es la actual relación que mantienes con tu padre?
J.C: “Este es un tema complicado para mi, la verdad que me sorprende a mi misma que siga manteniendo relación con el… Hablamos muy de vez en cuando, en el fondo me da pena porque es un pobre desgraciado…Quiero creer que es esa la razón por la que le sigo hablando y no porque siga sintiendo algo afectivo hacia el como padre….Me asusta pensar que pueda llegar a sentir un mínimo de cariño por una persona que me ha hecho tanto daño… Aun así creo que tiene lo que se merece, está solo en este mundo.
Autor: Nerea Yaiza Zubiaur Rodriguez
Categorías: local Noticias de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación UPV-EHU
Tags: malos tratos mujeres ayuda maltrato
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