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Entrevista a Teo Alzola, huelguista del 3 de marzo de 1976 en Vitoria
Hemos entrevistado a Teodoro Alzola, un trabajador vitoriano que participó en los acontecimientos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, en los que fueron asesinados cinco obreros a manos de la Policía.
Este ciudadano vitoriano nació un 20 de abril de 1945 en el seno de una familia de campesinos alaveses. Comenzó a trabajar desde muy joven, primero labrando las tierras de su familia y más tarde, tras realizar el servicio militar obligatorio en tiempos de Franco, en las fábricas de Michelín y Fournier Naipes, donde sigue trabajando actualmente.
El sangriento 3 de marzo de 1976, la convocatoria de huelga general lanzada por los trabajadores vitorianos, en contra del decreto de topes salariales promulgado por el gobierno de la Transición en defensa de mejores condiciones laborales, tuvo un seguimiento masivo en la ciudad.
Durante todo el día se produjeron enfrentamientos entre la policía y los huelguistas, que llegó a su punto más trágico en el desalojo de la Iglesia de San Francisco, en el barrio de Zaramaga.
Centenares de obreros abarrotaban la Iglesia, hasta que fueron desalojados por la policía mediante gases lacrimógenos; a la salida, les esperaban docenas de policías armados con fuego real. El resultado fue de 5 muertos, más de 60 heridos graves y cientos de heridos leves.
Aquellos acontecimientos marcaron un antes y un después en el movimiento obrero no sólo vitoriano, sino a nivel estatal, sobre todo entre los trabajadores vascos.
Como hemos dicho, hemos estado con Teo Alzola, uno de los trabajadores que aquel día salieron a manifestarse a favor del reconocimiento de sus derechos, y ya que el 3 de marzo no es, ni mucho menos, un caso aislado dentro de aquella dictadura, hemos tratado diversas cuestiones sobre los últimos años del franquismo, la transición y la actualidad política vasca.
¿Cómo percibes el régimen franquista cuando todavía eres un niño? La verdad es que no te enteras. Al ser un niño y haber nacido en plena dictadura, sin haber vivido otra cosa y sin conocer una alternativa, lo tomas como algo normal. Pero según vas creciendo, vas escuchando cosas, hablando con la gente, y poco a poco vas tomando conciencia de que algo funciona mal y puede ser cambiado.
¿Existía en tu familia algún tipo de tradición o activismo político? Mis padres eran nacionalistas, aunque no lo decían abiertamente ni eran activistas ni nada, más que nada por miedo. Pero cuando había reuniones familiares sí que se oían algunos comentarios sobre política, que claro, no salían de ahí.
¿Cómo te enteras de la existencia de Euskadi Ta Askatasuna (ETA, fundada en 1958) y cómo percibes sus acciones por entonces? Pues en la calle se escuchaban comentarios y rumores en la calle, que hablaban de cierta gente nacionalista que hacía una política de oposición arriesgada; pero no es hasta 1968, cuando ETA tirotea a Melitón Manzanas, policía torturador y primer objetivo mortal de la organización, que nos dimos cuenta de que existía un grupo de gente dispuesta a matar para luchar contra Franco.
¿Qué opinabas de la oposición anti-franquista de la época en Euskal Herria (los incipientes movimientos obreros, el nacionalismo del PNV, la recién nacida ETA,...)? Por aquel entonces, todo era percibido más o menos como un todo. Diferentes actividades de gente con un objetivo común: derrocar a Franco y ganarle terreno en forma de libertades y derechos.
¿Tienes alguna experiencia con la represión policial antes de comenzar cualquier tipo de movilización política? ¿Y después? Personalmente no tuve experiencias demasiado arriesgadas con la policía; escuchaba cosas de gente detenida, casos bastante generalizados de torturas en los calabozos, etc.
Cuando empecé a tomar conciencia y participar en manifestaciones de trabajadores y así era habitual que todo terminara con una carga de los ‘grises’. De todas formas, el punto más trágico de esa represión es, sin duda, el 3 de marzo, que se llevó por delante a 5 compañeros y pudo haberse llevado a muchos más.
Un par de días después de aquello, iba paseando por la calle y se paró a mi lado un furgón de los grises; vi que salieron hacia mí y eché a correr. Por suerte no me cogieron, pero quién sabe cómo podría haber terminado aquello si llegan a hacerlo.
¿Percibes claramente el declive y el acercamiento del fin del régimen? El final de la dictadura era algo que tarde o temprano iba a pasar; había fuerzas conservadoras que aún querían aferrarse al poder, pero 40 años de retraso y la necesidad de un cambio pudieron con ellos.
¿Cómo vives episodios como el Proceso de Burgos (1970) o los fusilamientos de Txiki, Otaegi y tres miembros del FRAP en vísperas de la muerte del dictador? Pues por aquel entonces ETA tenía un apoyo social implícito bastante fuerte y la desproporción de aquellas condenas causaron una conmoción social e internacional que iba cavando la propia tumba de Franco.
¿Crees que la Transición se hizo bien o dejó mucho que desear? Se hizo de forma suave y poco traumática, que seguramente fuera lo mejor. Aun así, sigue habiendo un déficit democrático muy criticable: injustas leyes electorales, partidos e ideas ilegalizadas... Por no hablar de los numerosos crímenes, como el 3 de marzo, cometidos en plena Transición, y por los que aun no se ha impartido justicia.
¿Cómo analizarías los primeros años del periodo democrático? Lo veía con optimismo y con ganas, con la sensación de tener voz, por fin, en las decisiones políticas. Esa libertad permitió el surgimiento de muchísimos partidos de izquierdas que quedaron en nada (LKI, MK...) y otros que tomaron un papel político muy relevante (como la Alternativa KAS y Herri Batasuna).
El Golpe de Estado del 23-F supuso el último suspiro antes de la muerte definitiva del franquismo.
¿Cómo ves el futuro? Sigo siendo un obrero vasco que creyendo en un mundo más justo y en la libertad de mi pueblo. Sin embargo, vivimos en un mundo globalizado en el que el tema ya no es Madrid o Euskal Herria; realmente estamos gobernados desde Bruselas, y la independencia, hoy en día, sería una cosa tan relativa que se hace difícil darle una forma.
Autor: Mikel Sáenz de Buruaga González
Categorías: Noticias de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación UPV-EHU
Tags: de marzo vitoria gasteiz terrorismo de estado franco transicion politica
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